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El primer sedán con el tratamiento extremo RS de Audi se mueve como pocos pero, sobre todo, suena

PABLO GARCÍA CAMERO 

Como somos discretos (o muy poco chismosos), no revelaremos aquí la identidad de un coupé, recientemente probado. (Ejem, Nismo, ejem...). Portaba un ingenioso sistema de efectos de sonido. 

Desde un par de rincones de la cabina, discretos micrófonos registraban el ruido ambiente que se colaba. Ya saben: el viento, vibraciones del pavimento... Dependiendo de ese “ruido”, se modulaba de diferente manera el sonido del motor a través de las bocinas. En ciertos momentos, a altas revoluciones, te sentías a mitad de un estudio de grabación para pistones y escape. No era un sonido artificial; era el propio del V6, pero amplificado. Sí, ¡en las bocinas!

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Eso, claro, no tiene nada de malo. Puede, acaso, ser juzgado como un truco, como una forma de compensar una insonorización tan profunda que llega a arruinar la diversión, la deportividad. Sin embargo, los autos de última generación, repletos de electrónica y asistencias varias, pueden ser vistos como paquetes de efectos, transmisores de sensaciones específicas, ¿no? 

Sí. Hemos descrito lo anterior para señalar que hay un mundo aparte, un soundtrack diferente. En el acervo acústico que ha creado el automovilismo, hay motores con un timbre muy particular. Durante décadas han cantado a capella, sin necesidad de acompañamiento. Uno de ellos es el 2.5 TFSI, el cinco cilindros en línea turbocargado al que Audi debe mucho de su fama en pistas, calles y carreteras.

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Si alguna vez te has puesto los audífonos frente a la computadora y has subido el volumen de uno de esos videos en YouTube con el Quattro ochentero partiendo plaza en circuitos de rally Grupo B, ya conoces en lo esencial el sonido de ese motor. Más “urgente” que gutural. Cuando enciendes el RS 3, la versión sedán de deportividad extrema de la familia A3 de Audi, se reproduce ese mismo sonido (a ver, no vamos a engañar: el sistema de escape, especial para las versiones RS de la marca, aporta decibeles por sí mismo, pero el tenor es mecánico aquí).

Que este propulsor es un espectáculo también lo han pensado varios de los mejores especialistas del mundo. Durante ocho años consecutivos el 2.5 TFSI ha sido elegido como “Motor Internacional del Año” en su categoría. Esa racha sería inalcanzable si la evolución tecnológica no fuera constante; cada vez es más ligero (hoy está fabricado totalmente en aluminio). Sorprende la alegría con la que escala revoluciones. No somos ingenieros, pero sospechamos que hay algo “especial” en el número impar de cilindros; debe ser más difícil limitar las vibraciones si no cuentas con el favor de la simetría, y el esfuerzo extra de diseño produce dividendos. 

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Convivencia fácil. Este es uno de esos autos bendecidos por un motor, más que por ningún otro rasgo. Pero no queremos decir que sus méritos se agoten allí, bajo el cofre. (En México, tuneado a 400 hp también lo tiene el TT RS coupé). Si tuviéramos que calificar a este sedán con una sola palabra, sería “equilibrio”.

Con todo y esos rines de 19 pulgadas para las Pirelli P Zero intimidantes (y los frenos delanteros con cálipers de tres pistones, un show aparte); con todo y esas entradas de aire enmarcando la parrilla inmensa; con todo el paquete aerodinámico musculoso... Nos parece un auto civilizado. Se vive fácil con él (muestra apreciable para todos: tiene una distancia al piso perfecta, no hay miedo de “pegar” todo el tiempo con topes). Pero provee la consciencia de que en cualquier momento explota a lo bestia, sobre todo si se usa el modo manual con paletas al volante de la transmisión S tronic de siete velocidades. 

Ficha técnica

» Motor: 2.5 litros TFSi, 5 cilindros
» Potencia: 400 hp
» Torque: 354 libras-pie
» Tracción: Quattro, integral en las 4 ruedas
» Precio: $ 1,119,900 pesos

4.1 segundos es la aceleración en 0 a 100 km/h.