En abril de 2012 una “noticia” fechada en Arteaga, Coahuila, dio la vuelta al mundo a la velocidad de las redes sociales: una residente del lugar gestaba nueve embriones, un caso inédito en la historia médica del planeta. La “noticia” causó sensación, por supuesto, y fue replicada en todos los idiomas en los cuales se produce material para la internet.

No pocos periodistas, a quienes les da por el activismo social, pusieron manos a la obra y crearon rápidamente el hashtag #Ayudemosavanesaysus9bbs, a través del cual solicitaron ayuda para la madre —y el atribulado padre— quienes ya habían traído al mundo cuatro críos más, tres de ellos producto de un embarazo múltiple. Circuló incluso una fotografía de los trillizos, quienes para entonces “tenían” apenas siete meses de vida.

La pompa de jabón reventó a las 24 horas. Como era previsible —y deseable—, alguien se tomó la molestia de no conformarse con reproducir la “noticia” y dio rápidamente con la verdad: no solamente el portentoso embarazo era falso, sino también la historia de los trillizos. ¿Y la foto? sacada de la portada del libro de Pamela Fierro, “Gemelos, trillizos y más”.

¿Cómo ocurrió esto? ¿Cómo una persona ordinaria logró tomarle el pelo a todo mundo utilizando para ello a la prensa, a los periodistas? La respuesta es simple: ocurrió debido al alarmante abandono del más elemental rigor periodístico al cual se han entregado, ya no digamos los “medios digitales emergentes”, sino incluso los “de referencia”, los “serios”, aquellos en los cuales se invierte en la capacitación y formación de sus reporteros.

Traigo a cuento la historia porque apenas el miércoles anterior se ha registrado un nuevo caso en el cual la prensa “seria” demuestra sus graves deficiencias a la hora de darle espacio a presuntas “noticias”, sólo porque suenan sumamente “apetitosas”, aunque carezcan de veracidad por completo.

“¡Histórico! Por primera vez La Haya admite una demanda proveniente de México y fue la nuestra contra Javier Duarte por crímenes de lesa humanidad”. Así reza el meme con el cual el diputado local por Nuevo León, Samuel García Sepúlveda, difundió en su cuenta de Facebook el “histórico logro” cuyos detalles presumió en la tribuna parlamentaria. La cosecha de titulares y elogios para el activo legislador, militante del partido Movimiento Ciudadano, no se hizo esperar:

Medios de referencia, entre ellos la revista Proceso, los periódicos El Norte y Reporte Índigo, o portales como SinEmbargo y Aristegui Noticias retomaron la “noticia” y la difundieron con titulares como “Admite La Haya denuncia contra Duarte” o “La Corte Penal de La Haya admite la demanda contra Javier Duarte por crímenes de lesa humanidad”. El periódico Publimetro fue incluso más lejos al cabecear “Avanza denuncia contra Javier Duarte por delitos de lesa humanidad”.

¿Cuál es la verdad? La Oficina de la Fiscalía, de la Corte Penal Internacional, envío al legislador neoleonés un acuse de recibo; una notificación de “conocimiento” de la denuncia por él presentada… un matasellos digital, pues.

¿Cómo se justifica periodísticamente la difusión de una “noticia” en la forma en la cual se propaló ésta? Hasta donde puede 
verse, exactamente con el mismo argumento utilizado en el caso de los nonillizos coahuilenses: existe una fuente, una persona de carne y hueso realizando tal declaración.

¿Y la corroboración de los hechos? ¿Y el “colmillo periodístico” para ver si no nos están “metiendo un gol”? ¿Y la elemental regla de corroborar datos, sobre todo si se trata de asuntos delicados?

En el colmo de las similitudes con el “caso Arteaga”, los periodistas ni siquiera debían ir lejos para averiguar la verdad, pues el propio diputado García Sepulveda no tuvo empacho en difundir, junto a los múltiples memes con los cuales promocionó su “logro”, una copia del comunicado enviado por la Fiscalía de la Corte Penal Internacional a su correo electrónico.

Vamos: el portal SinEmbargo incluso acompaña su nota con un copia del documento firmado por Mark P. Dillon, responsable de la Unidad de Información y Evidencia de la Oficina del Fiscal de la Corte Penal Internacional, fechado el 31 de julio en La Haya.
En el tercer párrafo del escueto comunicado textualmente se lee: “please note this acknowledgement does not mean an investigation has been opened, nor than an investigation will be opened by de Office of the Prosecutor” (el énfasis es añadido).

Una traducción aceptable del párrafo citado sería: “por favor tenga en cuenta que este reconocimiento (de la presentación de la demanda) no significa que se haya abierto una investigación o que se abrirá una investigación por parte de la Oficina del Fiscal”. No hay forma se inferir, a partir de lo anterior, la “admisión” de la demanda por parte de la CPI en contra de Javier Duarte.

¿Cómo, la prensa “seria” puede tragarse un anzuelo de este tamaño sin problema alguno? La respuesta, como lo hemos dicho en colaboraciones anteriores, se encuentra en la crisis sufrida por el periodismo mexicano y reflejada en un hecho puntual: las publicaciones de muchos medios “serios” cada vez se parecen más a un post de Facebook.

Continuará…!

@sibaja3
carredondo@vanguardia.com.m
x